jueves, 18 de abril de 2013

DAREDEVIL: CORAJE


 

 

     Las portadas de muchos de los cómics de Daredevil proclaman: “¡Daredevil: el hombre sin miedo!” Un gran número de episodios de Daredevil han explorado ese coraje de Matt. Muy pronto en Daredevil nº 7 (abril 1965), Stan Lee y el dibujante Wally Wood hicieron que Daredevil se enfrentase al superpoderoso príncipe Namor el Submarino. En la historia, Namor llega desde su reino subacuático al mundo de la superficie con el fin de contratar a Matt Murdock para acusar a la raza humana de privar al pueblo de Atlantis de sus derechos de nacimiento, es decir, del total control de la superficie del mundo. Matt explica a Namor que ningún juez permitiría que este caso fuese llevado ante un tribunal. Namor intenta entonces atraer la atención del gobierno atacando New York City, dejándose detener más tarde. Mientras espera a que llegue el día del juicio, se entera mientras está entre rejas de que el villano Krang, su rival y aspirante al trono de Atlantis, ha dado un golpe de estado y que ha tomado el control del reino subacuático. Cuando Namor sale de la cárcel para regresar a su reino, el ejército trata de impedir que escape. Namor se siente ofendido por esta actitud y planea destruirlos a todos. Matt entiende que una confrontación entre Namor y el ejército podría poner en riesgo la vida de civiles inocentes, y por eso se enfunda su traje de Daredevil para tratar de convencer al ejército de que le deje arreglar el asunto con Namor. Daredevil no tiene la fuerza bruta de Namor. Está en clara desventaja y lo sabe. De todos modos, hace lo posible por detener a Namor, o por lo menos intenta ralentizarlo, sabiendo que probablemente saldrá herido en el proceso. Aunque no gana la batalla, su coraje sí se gana el respeto de Namor. Namor dice: “He peleado contra los 4 Fantásticos, los Vengadores, y otros humanos superpoderosos, pero ninguno ha sido tan valiente como él, ¡el más vulnerable de todos!” A causa de este respeto, Namor sobrevuela al ejército preparado para el conflicto y se evita el enfrentamiento con el mundo de la superficie.

 

     En un episodio clásico, años más tarde, en Daredevil nº 163 (marzo 1980), el guionista Roger McKenzie y el dibujante Frank Miller, cuentan otra historia en la que Daredevil trata de proteger New York City de un invasor superpoderoso. Esta vez la amenaza es el Increible Hulk. Una vez más, Daredevil sabe que no tiene oportunidad de vencer y sabe que las va a pasar canutas. Sin embargo, es capaz de retener lo suficiente a Hulk como para salvar a la ciudad de una gran destrucción.

 

     En estos episodios Daredevil está luchando batallas que sabe que no podrá ganar. Daredevil no es un suicida, sino que tiene el coraje necesario como para hacer lo que debe en orden a limitar el impacto de fuerzas destructivas. Usualmente pelea contra villanos que son menos poderosos que Namor o Hulk. Más a menudo, lucha contra criminales comunes o gangsters que plagan Hell´s Kitchen, el vecindario más problemático de New York City al que ha prometido proteger. En un sentido, Daredevil se enfrenta a los mismos retos cada día que si combatiese a Namor o Hulk. Hace lo posible por exponer la corrupción y por encerrar en la cárcel a los criminales como Matt Murdock, y para detener a supervillanos como Daredevil. Debe saber, no obstante, que nunca podrá ganar completamente la batalla. No puede ser el azote del crimen y la corrupción en Hell´s Kitchen. Sin embargo, posee el coraje y el compromiso de luchar, y de hacer todo lo posible por que las cosas mejoren.

 

     De algún modo, tenemos algo en común con Daredevil. Algunos de nosotros podemos sentirnos llamados a trabajar en pro de la eliminación del hambre en el mundo, los desahucios o la pobreza. Es muy fácil sentirse descorazonado cuando ponemos nuestra alma en un esfuerzo y no ver una victoria clara en el horizonte. El hecho de que no vamos a vencer completamente la batalla, no obstante, no ha de desanimarnos a la hora de ser valientes y de comprometernos en la continuación de nuestra tarea.

 

     El malentendido más común es que el coraje lleva a acciones violentas y agresivas. Entrenadores y asesores políticos suelen exhortar a las personas a que sean lo suficientemente valientes como para jugar sucio y para difamar a sus oponentes. Demasiado a menudo, el coraje es retratado como una virtud que lleva a la violencia y a la agresividad. El coraje, sin embargo, puede también llevar a actos de amor y autosacrificio. El apóstol Pablo pone las virtudes del coraje y del amor juntas cuando escribe: “Estad alerta; manteneos firmes en la fe; portaos con valentía, sed modelo de fortaleza. Todo lo que hagáis hacedlo con amor.” (1 Corintios 16:13,14) A veces es necesario ser valiente para amar en vez de odiar.

 

     El coraje puede llevarnos a hacer grandes cosas y a enfrentar grandes peligros. Gente de todo el globo sabe que está poniendo su vida en riesgo cuando su fe les ha llamado a defender los derechos humanos, pero se han mantenido firmes a riesgo de ser encarcelados o asesinados. El coraje nos llama a hacer cambios en nuestra vida personal. Es un gran reto que necesita coraje tener que dejar un trabajo o romper una relación seguros. Necesitaremos tener el coraje de hacer esos cambios si sabemos que no son convenientes para nosotros o para nuestra relación con Dios. Necesitaremos coraje para permanecer firmes ante otros en el trabajo o la universidad de maneras más pequeñas, rechazando reírnos de chistes que menosprecian a otros, participar en chismes, o llevar adelante planes poco éticos o políticas que pueden comprometer nuestra fe.

 

     Podemos sorprendernos de cómo a menudo las personas se limitan a sí mismas porque tienen miedo de tomar riesgos o de hacer cambios en sus vidas. No aplican esto en la universidad por miedo a que sus cambios sean menospreciados. No aplican esto en sus trabajos por miedo a ser despedidos. No tratan de construir amistades por miedo al rechazo. Pierden oportunidades porque no tienen el coraje de intentar cosas. El miedo puede limitar lo que hemos de hacer con nuestra fe también. Algunos carecen del coraje necesario para demostrar públicamente que están de parte de la justicia. Sea que estemos haciendo grandes cosas o dando pequeños pasos, necesitamos el coraje de vivir nuestra fe. Necesitamos el coraje y el poder de voluntad suficientes como para abrazar nuestra identidad como pueblo de fe y para luchar por la justicia, haciéndolo de manera que mostremos amor y no venganza.

    

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