lunes, 5 de marzo de 2012

UN AMOR INESTIMABLE: ANÁLISIS HERMENÉUTICO DE 1 CORINTIOS 12:31-13:13 (PARTE I)




1. Propósito de Pablo y líneas generales del contexto.
Cuando una iglesia como la de Corinto necesita recibir esta sinfonía al amor, ciertamente es por
que el ambiente entre los hermanos que la componían se había enrarecido. De tal manera se
encontraban enquistados los problemas de convivencia, armonía y fraternidad, que Pablo consideró
urgente presentar una lección magistral acerca de las prioridades de la vida cristiana. El tema
principal que contiene esta perícopa, era una advertencia acerca de lo que era relevante en el uso de
los dones y en la comunión congregacional. Y al contemplar el origen de todas las virtudes,
carismas y frutos de una vida fiel a Dios, Pablo les recuerda didácticamente, que el amor de nuestro
soberano Señor es la cúspide y la base de la correcta dirección eclesiológica.

Esta iglesia en Corinto fue fundada por Pablo en su segundo viaje misionero (Hch. 18). Allí
junto con Aquila y Priscila enseñó primeramente en la sinagoga judía, aunque más tarde fue
expulsado por los judíos de la ciudad, acusándolo ante las autoridades civiles. Su estancia de año y
medio enseñando y predicando, pudiera hacernos pensar que fue tiempo suficiente para que las
raices del evangelio de Cristo se asentaran y desarrollaran una comunidad tendente a una madurez
ejemplar. Sin embargo, Pablo ha de escribirles en varias ocasiones. En ciertos momentos, las cartas
obedecían a una serie de preguntas formuladas por la propia iglesia; en otros, el mismo Pablo, al
recibir informes dramáticos acerca de la situación caótica de la iglesia, escribía con ánimo de
corregir y amonestar. Varias de esas epístolas no son conservadas hoy día, aunque sí sabemos del
carácter polémico y díscolo de la membresía corintia.

La comunidad cristiana corintia se componía de un variopinto maremagnum de personas: desde
judíos y prosélitos a conversos; desde ciudadanos romanos provinientes de una cultura religiosa
pagana hasta extranjeros venidos de mil latitudes; desde siervos y esclavos a nobles ricos y
presuntuosos. Tal vez, esta encrucijada cultural, religiosa y económica llamada Corinto, presagiaba
una iglesia ecléctica y potencialmente peligrosa en términos de confraternización y comunión.

Las actitudes que encontramos en la primera carta a los corintios de principio a fin, retratan
parcialmente el clima de prejuicio, complacencia y sincretismo de esta iglesia amada por Pablo.
Ciertos comportamientos en el uso y abuso de los dones del Espíritu Santo (12:3; 14:6-11,20,23), de
la ausencia de disciplina eclesiástica (5:1-13), de la indiferencia de los más maduros en la fe (8:9-
13), y de la incorrecta manera de participar de la cena del Señor (11:17-22) entre otros, crean una
comunidad desbocada y repleta de divisiones, partidismos y disputas (1:10-13). Por supuesto, todo
este cúmulo de despropósitos no pasa desapercibido al Señor, y por ello conmina a Pablo a
escribirles con dureza pero también con piedad fraternal.

Tras hablar en 1 Co. 12 sobre los dones espirituales y el lugar que ocupan en la estructura
edificatoria de la iglesia, Pablo hace un inciso glosando las propiedades y virtudes del amor de Dios
derramado sobre Su pueblo. La senda más coherente y noble se halla en la dirección del corazón de
Dios. De allí mana la vida, y por tanto el amor divino que desea transformar a una congregación que
tenía dudosas nociones de lo que era amar como Cristo los amó.

Pablo tenía en mente, bajo la dirección del Espíritu Santo, que los corintios viviesen en el ámbito
del amor de Dios demostrando compasión y misericordia diarias para con sus prójimos; que
recibiesen y pusieran en marcha los dones espirituales en ese marco de amor y que anhelasen
perseguir con gozo y preferencia andar en la vereda del amor santo de Dios.

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