viernes, 9 de septiembre de 2011

LAS OFRENDAS

Las ofrendas El dar tiene muy poco que ver con lo que una persona tiene (2 Col 8:1-5). Pablo dice en 2 Corintios 9:6: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente y el que siembre generosamente, generosamente segará”. Jesús dijo: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo”. (Lc. 6:38). Dios quiere que sepas que puedes confiar en Él con tu dinero. ¿Cuán bien administras las posesiones de Dios? Tú tienes que darte cuenta de que las cosas que posees no te pertenecen. Cuando se las confías a Dios, te hace libre. Entonces todo lo que tienes que hacer es administrar esas posesiones. Si tienes algo que alguien lo necesita más que tú, dáselo. Ese es el espíritu de Hechos 2:44-45: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”. Algunas personas no dan nada. Otras solo dan cantidades simbólicas. Ellos son los que ponen un par de euros cada semana en el plato de la ofrenda. Por lo general los que dan tan poco es porque están gastando todo su dinero en posesiones terrenales. Eso es triste. Oro por ellos. Quiero que las personas den generosamente a fin de que puedan experimentar las bendiciones de Dios. Cuando el rey David quiso comprar una era con el fin de edificar un altar al Señor, el propietario se la ofreció gratis a David. A lo que él contestó: “No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada” (2 S. 24:24). Él quería ofrecerle a Dios una ofrenda valiosa, no algo simbólico. ¿Cuán dedicado estás para dar? Muchos miembros en nuestras iglesias no están haciendo lo que debieran hacer cada semana. Primera Corintios 16:2 dice: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado”. El dar es una función de la iglesia. Tenemos que ofrendar no solo para sostener nuestra iglesia, sino para el avance del reino de Dios. Las iglesias no están para amasar fortunas. Debemos ser buenos mayordomos del dinero que Dios nos da para nuestro propio uso y dedicar el resto a alcanzar con el evangelio de Cristo a los que no lo conocen.

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